domingo, 6 de abril de 2014

Trabajar las pasiones


Todos y cada uno de nosotros hemos presenciado en nuestras vidas ese episodio en el que los adultos nos disparan la gran pregunta que, aún sin saberlo, llega a jugar un importante papel en nuestras vidas.

“Y tu qué quieres ser de mayor?”

A pesar de ser pequeños, inexperienciados, irracionales e incapaces de predecir lo predecible, muchos de nosotros hemos tenido (más o menos) claro desde nuestras primeras primaveras hacia dónde queríamos ir.  Con el paso del tiempo, mientras nos vamos haciendo mayores y concienzudos, nos acordamos de esa pregunta que respondimos casi sin procesar sus trampas ocultas. Miramos atrás y nos vemos en ese punto donde el camino estaba aún por andar, donde todo quedaba por hacer y todo estaba por decir. Y ahora, aún siendo mayores, nos sentimos un poco ese niño o esa niña que queríamos ser.

Me doy cuenta de la enorme cantidad de personas que están trabajando en un puesto de trabajo que no les apasiona. Me doy cuenta también de la gran cantidad de gente que se muere de ganas por dejarse la piel trabajando en su pasión y no puede porque las oportunidades se le escapan entre los dedos de las manos. El querer y no poder se está convirtiendo apoderando de nuestra sociedad actual y es una verdadera pena, porque hay gente más que preparada para vivir de su pasión y para beneficiar el mundo con eso. 

Después de cada jornada de ocho horas diarias te das cuenta que de las pasiones SÍ se vive, porque te llenan y porque las sonrisas que provocan los trabajos que apasionan pueden ser capaces de borrar el cansancio de muchos días duros de trabajo. 

É aquí la diferencia entre trabajar para ganar dinero y trabajar queriéndose levantar a las ocho de la mañana para crecer un poco más cada día. Crecer en el trabajo mientras recuerdas que mientras eras niño, tu ya estabas soñando en estar, por lo menos cerca, del sitio en el que ahora estás. 

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