lunes, 20 de enero de 2014

El reflejo de sus manos


Se observó en el espejo y no vio. Sólo pudo captar un pequeño reflejo que se dibujaba contoneando los puntos cardinales de aquel espejo. Paula, mirándose sin verse, cerró los ojos y bajó la vista hacia sus manos. Esas que, arrugadas por el tiempo pero fuertes por la experiencia, le mostraban el mejor reflejo de sí misma. En ellas pudo ver todos los años de su vida, los esfuerzos, sus personas, sus deseos. Y es que, Paula, no se vió en el espejo porque había vivido una vida para los demás. Sólo con sus manos, le bastaba. Ella había estado siempre en sí misma, pero había sido sólamente gracias a sus personas. Por eso, la mejor sonrisa se dibujaba en aquella mano que había tendido a los que más la habían necesitado, esa mano que había estado bien agarrada siempre que lo había necesitado. La mejor sonrisa es haber vivido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario