jueves, 10 de octubre de 2013

(Des)aprendiendo



Nunca pensé que justo en el punto en que me graduara en mi universidad empezaría a (des)aprender sobre mi sector. (DES)aprender sobre eso y en el fondo también a aprender a desaprenderme incluso a mi misma. Llegados a ese punto, que es un punto y a parte y no un punto y seguido como muchos aseguraban antes de licenciarnos, en ocasiones empiezas a dudar incluso de tus dudas. 

Es en ese justo instante cuando a la vez empieza y termina todo, al mismo tiempo, sin orden. Ese día después, en el que te miras en el espejo y no terminas de ver(te). Ese cambio que más que un nuevo capítulo de tu vida es ya un nuevo libro, que está muy en blanco, como tu cuenta corriente. 

Licenciados, licenciadas, abróchense los cinturones. Y no, no lo hagan por las emociones fuertes que les prometieron el primer día de universidad. Abróchense bien el cinturón porque vienen curvas de las buenas. De esas que marean, que te pierden, que te sacan de tu mundo para ponerte en el mundo del capitalismo, que lo único que no te va a dar ahora mismo es un trabajo.

Y cuando creas que estás dando ese paso adelante que tanto esperabas, mira hacia atrás. Observa tu pie izquierdo y date cuenta que nada empieza si nada termina. 

Licenciado, has dejado de tener comodidad. Después de subestimar los tuppers de tus padres, ahora vuélvete a vivir a tu casa y cometelos allí. Vuelve a soñar con las esperanzas de encontrar el buen trabajo que soñaste antes de empezar a sentirte universitario. Digo sentirte porque hemos llegado en ese punto en que saberse universitario quita más de lo que te puede dar. Y ríete, ríete mucho mientras no lo encuentres, porque esa será la única riqueza que vas a tener por el momento: tu risa. 

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