lunes, 16 de septiembre de 2013

Mi trozo del mapa



Mi trozo del mapa

Cuando viajo hacia atrás, recuerdo mi infancia en el pueblo como los mejores años de mi aún corta vida. No por la inocencia de ese entonces, no por la falta de obligaciones ni tan siquiera porque en esa etapa de la vida te sientes más libre y más grande que cuando eres adulto. 

Crecí con la mejor compañía que podía nunca esperar. Y es que no es una tontería cuando digo que lo que más grande me ha hecho es crecer en un pueblo (muy) pequeño. Un pueblo donde mi familia siempre ha sido todo aquel que cruzara el cartel de Blancafort. Un pequeño lugar donde todos tenemos secretos, pero muchos de ellos los compartimos y los hacemos mutuos. Un lugar donde todo el mundo sabe quien eres y se alegra de tus alegrías, se entristece con tus tristezas.  

Mi pueblo, mi pequeña mitad, siempre será mi raíz y mi punto de equilibrio. El sitio donde si me pierdo me encuentro, el trocito del mapa donde tengo mis mejores amistades. El lugar donde mis mejores recuerdos están escritos en todos los rincones. Y por supuesto las paredes, que saben de mi más que yo misma. 

Mi pueblo, el lugar del cual a veces me escapo, pero siempre me es grato volver. 

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